Querido Desconocido:

Cuando no sabes que hacer, cuando tu última esperanza es la paciencia... Ahí es cuando empiezas a pensar que todo en la vida tiene un por qué.

Querido Desconocido:


Le he echado un pulso a la felicidad. He probado el sabor de la amargura, y he querido repetir. He visitado Venecia y quise vivir allí. Me he equivocado, y he rogado un perdón. He probado un beso sin nombre, un beso con sentimiento y un beso sin más. Me he montado en el coche de un desconocido. He pensado que Nueva York me quedaba grande. Me he sentido absolutamente inútil al saber que no me quería. Fui capaz de mentir para no hacer daño a alguien. He tenido que arrepentirme días y años por no haberme pensado dos veces las cosas. Quise saber cómo sería la vida sin mí. Me he subido a un tren sin saber dónde iba. He corrido detrás de alguien y he gritado su nombre. He dicho algo sin sentido para acallar un silencio. Me han hecho daño y yo lo he hecho también. Me he perdido por Madrid. He intentado ocultar mis defectos y no lo he conseguido. He llegado a mi casa sin saber qué hice esa noche. Tuve el valor de gritar ánimo a alguien que tenía todo perdido. He visto llorar a gente sin saber qué les ocurría. Me he emocionado con el roce de sus dedos. Puse en duda la Ley de Murphy. He bebido los licores más fuertes para olvidarme de todo. Me he vestido de negro para pasar desapercibida. He tenido que mirar dos veces a alguien para saber quién era. He descubierto cosas de mi, pero no mis limitaciones. He guardado pétalos de rosa a la mitad de un libro y los he rescatado después. He escuchado una canción hasta aprenderme la letra. Me he desahogado escribiendo en un papel todos sus defectos. He pintado un corazón con el rojo de mis labios.

Hoy tengo ganas de que acabe todo esto.

Querido Desconocido:



Cerró los ojos para evadirse de la realidad, para soñar una vez más. Se dio una tregua.

Le imaginó como siempre lo hacía, tocando el piano sin parar, como si se le fuera la vida en ello. Levantó los ojos de las teclas solo para mirarla, invitándole a que se sentara junto a él. Ella dejó que las notas fluyeran por todo su cuerpo, que fueran los pentagramas quienes con la ligereza de la clave de sol la desnudaran.

El resplandor de la luna que entraba por la ventana ayudaba a imaginar sus labios aún más. A escasos centímetros que se encontraba de él pudo sentir su suave aroma. Olía a beso de verano, a amor adolescente. Casi podía notar la suavidad de sus dedos dibujando sus formas. Y la melodía continuaba sin parar. Sol, re, la, y otra vez sol. El metrónomo marcaba el tempo de la composición musical. Estudió sus movimientos, examinó su perfección. Deseó por un momento ser una de esas teclas. Sintió celos de ellas. Se moría por él. Lo quería todo con él.

Levantó una de sus manos y cogiéndola suavemente de la nuca la acercó hacia su boca. Sus miradas se encontraron. El ambiente desprendía pasión y ganas, se emanaban nervios y decisión. Ambos respiraban al compás de la música, de forma acelerada. Las distancias se fueron acortando y los dedos de él acariciaron su pelo. La música dejó de tocar. Sólo el tic tac constante del metrónomo llenaba ahora la sala.

Ya no podía aguantar más, necesitaba besarla. Acercó sus labios y sintió la suavidad de los de ella. Entonces sus bocas se encontraron. Lo que ambos sintieron fue indescriptible. Rogaron la eternidad del momento. Mientras, las manos nerviosas de él acariciaban sus piernas. La deseaba. Fue desnudándola poco a poco, besando cada centímetro de su cuerpo. Dibujando su contorno con una rosa. Ella se apoyó contra las teclas del piano, compuso su propia melodía...

De repente...alguien le rozó en el hombro:
- Ya hemos llegado.

Otra vez había vuelto a soñar con él.


Hoy tengo ganas de imaginarme que apareces.

Querido Desconocido:



Esto no tiene ningún sentido si no estás tú, cosiéndome a cada sílaba pronunciada un jirón de alma y embriaguez. Confeccionando a cada paso que respalda nuestro destino una ausencia inhibida, que tiene fecha de caducidad desde el primer día que te sentí cerca. Recordándome las risueñas madrugadas que pasé en el rincón de tu alma y enredada entre dulces sábanas de miel. Sintiendo cerca la agonía, y queriéndola evitar.


Queriéndote evitar…


He condenado cada palabra que pueda ser un lastre para mi existencia. Me he adueñadode tu efímera sonrisa. He tomado las medidas que he creído necesarias para sentirmemejor, aunque necesidad signifiques tú. Y para lo que me ha servido, mejor no haberlo intentado...


Hoy tengo ganas de soñar despierta.

Querido Desconocido:


Otra vez esa sensación. De nuevo el imaginario de la frase “Mantén la esperanza”. Yo asustada, sin saber qué pensar. Orgullosa de haberme encontrado de nuevo, y retraída a la vez. Volviendo a sentir el delirio que conllevan las falsas ensoñaciones, pero esta vez con el valor suficiente para decir que no.

Yo, paseando sola por las calles de mi ciudad. Echando la vista a un lado cuando me encuentro con una mirada misteriosa. Sintiéndome cohibida Yo, he pisado fuerte para simular que me encontraba con fuerzas, y he engañado al resto al igual que a mí misma. Reacia a reconocerlo pero, una vez más, presa de la melancolía. Encerrada en mis sueños, y sin que sirva de precedente, siendo egoísta. Jugándome todo a cara o cruz.

Y la luna que nos separa, mirándonos cada noche desde un punto distinto. Un día a cinco centímetros más cerca de mí, y otro a dos de ti. Observándonos desde la gravedad infinita del cielo.


Contando por cada estrella un sueño a alcanzar. Cierra los ojos, pide un deseo...


Y tú sin saber que yo existo. Que me muero por una señal, por un gesto, por una caricia, pero tuya. Evitando cada sílaba que pronuncias porque son sentimientos, queriendo dar una imagen de alguien que no eres. Imaginándome a escondidas. Dibujando en el espacio mi silueta con tus dedos. Expectante de que se acerque el momento. Apostando por aquellos que tuvieron el valor suficiente para sacar esperanzas de un beso robado...

Así estás tú, mientras yo me consumo en mis pensamientos y escucho el sonar del silencio.

Hoy teng ganas de superar todos los miedos.

Querido Desconocido:


Una vez más nos cruzamos las miradas, nos seguimos en la distancia. Y es que quizá sé de su vida más de lo que me toca.
Camino hacia nuestro lugar de siempre, sólo con la esperanza de volvernos a ver. Y cuando miro a mi izquierda allí está él, esperándome. De nuevo sus ojos buscan con desesperación la inocencia de los míos. Y se encuentran. El tiempo se hace eterno en este ecuánime momento. Me arrastra hasta el rincón de la osadía y me reta como cada día. Y ya me invade esa sensación. Me quema por dentro no reunir el valor suficiente. Hoy lo conseguiré, lograré que la batalla de miradas dure diez segundos en vez de siete. Pero el marcador se despunta, no quiero seguir jugando a esto. Nunca me ha gustado perder.


Acción, reacción, ¿entendido?


Y si te atreves a recordarme las veces que has sido vencedor te torturaré poco a poco hasta que supliques sutilmente clemencia. Te darás cuenta de lo que yo sería capaz de hacer, no por ti, sino por orgullo, por nosotros.
Me acercaré a tu silueta sigilosamente y, cuando menos te lo esperes, te taparé los ojos con un lazo aurora y, acercándome de forma suave a tus labios, te preguntaré una sola vez quién soy. Será mi momento. Si no dices mi nombre no volveré a mirarte, para mí todo esto habrá acabado. Porque a mí la excusa del principiante no me sirve de nada si eres tú el que te basas en ella.
Me agarrarás por detrás tras oír mi pregunta y sentirás el contorno de mi cintura, la suavidad de mis formas y la textura de mi piel. Será el momento en el me susurres: “Llevo mucho tiempo esperando esto…”. Entonces yo cogeré tu mano y con la yema de tu dedo índice dibujaré el borde de mis labios, sentiré tu aroma. Me embriagaré de ti. Y en una milésima de segundo desharé la lazada que cubría tus ojos, te darás la vuelta, y me verás. En el mismo sitio donde nos vemos todos los días, pero juntos. Acercarás tu mano a mi mejilla y la acariciarás suavemente, contagiándome de la magia del momento. Me mirarás una vez más y, acortando las distancias sentiré tu respiración temblorosa y paciente, queriéndome llevar al desenlace de todo esto. Y cuando menos te lo esperes, retrocederé y acercándome a tu oído te diré: “Será tan difícil como esperabas…”, y no sabrás más de mí hasta mañana.
Hoy tengo ganas de mantener la mirada perdida, pero en ti.

Querido Desconocido:


Vuelan en mí mariposas enredadas formando una escala de La menor. Amenazan con atentar los más amargos recuerdos que un tiempo atrás sabían a caramelo de fresa. Cuentos de princesa, sueños de corcel, para una extraña existencia que tan sólo juzga por las apariencias y las trazas. Crecen mentiras, mueren verdades. Atraviesan mi realidad palabras sin dueño, y es que sólo ellas y los sentimientos son aprueba de golpes. Intentos de espirar inocencia y de inhalar madurez. Ausencias de alguien que jamás existió. Surgen estragos y con ellos, nuevas esperanzas. Esperanzas que, a veces ni son palpables. Pensamientos inertes e insípidas cartas de amor respaldadas en míseros te quieros sin sentido. Un destino construido con líneas de tinta imborrable que baraja una última posibilidad para todo esto. Una mínima esperanza que lleva entrelazado entre su espuria de pasión y desengaño el enfrentamiento entre tú y yo, entre la guerra y el amor.


Lujuria, pasión, desengaño... amor. Lujuria, pasión, desengaño... amor. Lujuria, pasión, desengaño...amor. Lujuria, pasión, desengaño... amor. Lujuria, pasión, desengaño... amor.


Rompiendo espejos, para ver si así me cambia la suerte. Persiguiendo sueños que tienen nombre de películas malvendidas en taquilla. Tirando por la borda lo que me queda, que es mucho y nada. Sabiendo a cada minuto que nada de esto fue real y tuve la capacidad suficiente para creerme una historia parcialmente utópica. Anhelando esa fantasía, que a veces se tornaba en realidad. Tocando suaves melodías con el piano de tus dedos. Intentando averiguar cuál es la línea que separa la sutileza y la farsa. Sacándome de dudas. Dejándome llevar...


Hoy tengo ganas de escuchar esa canción una y otra vez.

Sobre este Blog

"Por cada beso una bofetada, ya no me quieres como yo. No hay contrapeso en esta balanza. Esta noche quiero jugar con tus virtudes y mis defectos, hacer de tripas caramelo y corazón de mi dolor".







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Soy estudiante de primero Periodismo. Me encanta leer y descubrir cosas nuevas. Siempre que puedo saco el tiempo necesario para escribir y expresar lo que siento.

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Soñar despierta no es locura. Es un sentimiento que me domina y me lleva a lo más alto...