Una vez más nos cruzamos las miradas, nos seguimos en la distancia. Y es que quizá sé de su vida más de lo que me toca.
Camino hacia nuestro lugar de siempre, sólo con la esperanza de volvernos a ver. Y cuando miro a mi izquierda allí está él, esperándome. De nuevo sus ojos buscan con desesperación la inocencia de los míos. Y se encuentran. El tiempo se hace eterno en este ecuánime momento. Me arrastra hasta el rincón de la osadía y me reta como cada día. Y ya me invade esa sensación. Me quema por dentro no reunir el valor suficiente. Hoy lo conseguiré, lograré que la batalla de miradas dure diez segundos en vez de siete. Pero el marcador se despunta, no quiero seguir jugando a esto. Nunca me ha gustado perder.
Camino hacia nuestro lugar de siempre, sólo con la esperanza de volvernos a ver. Y cuando miro a mi izquierda allí está él, esperándome. De nuevo sus ojos buscan con desesperación la inocencia de los míos. Y se encuentran. El tiempo se hace eterno en este ecuánime momento. Me arrastra hasta el rincón de la osadía y me reta como cada día. Y ya me invade esa sensación. Me quema por dentro no reunir el valor suficiente. Hoy lo conseguiré, lograré que la batalla de miradas dure diez segundos en vez de siete. Pero el marcador se despunta, no quiero seguir jugando a esto. Nunca me ha gustado perder.
Acción, reacción, ¿entendido?
Y si te atreves a recordarme las veces que has sido vencedor te torturaré poco a poco hasta que supliques sutilmente clemencia. Te darás cuenta de lo que yo sería capaz de hacer, no por ti, sino por orgullo, por nosotros.
Me acercaré a tu silueta sigilosamente y, cuando menos te lo esperes, te taparé los ojos con un lazo aurora y, acercándome de forma suave a tus labios, te preguntaré una sola vez quién soy. Será mi momento. Si no dices mi nombre no volveré a mirarte, para mí todo esto habrá acabado. Porque a mí la excusa del principiante no me sirve de nada si eres tú el que te basas en ella.
Me agarrarás por detrás tras oír mi pregunta y sentirás el contorno de mi cintura, la suavidad de mis formas y la textura de mi piel. Será el momento en el me susurres: “Llevo mucho tiempo esperando esto…”. Entonces yo cogeré tu mano y con la yema de tu dedo índice dibujaré el borde de mis labios, sentiré tu aroma. Me embriagaré de ti. Y en una milésima de segundo desharé la lazada que cubría tus ojos, te darás la vuelta, y me verás. En el mismo sitio donde nos vemos todos los días, pero juntos. Acercarás tu mano a mi mejilla y la acariciarás suavemente, contagiándome de la magia del momento. Me mirarás una vez más y, acortando las distancias sentiré tu respiración temblorosa y paciente, queriéndome llevar al desenlace de todo esto. Y cuando menos te lo esperes, retrocederé y acercándome a tu oído te diré: “Será tan difícil como esperabas…”, y no sabrás más de mí hasta mañana.
Hoy tengo ganas de mantener la mirada perdida, pero en ti.

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