Querido Desconocido:
Cerró los ojos para evadirse de la realidad, para soñar una vez más. Se dio una tregua.
Le imaginó como siempre lo hacía, tocando el piano sin parar, como si se le fuera la vida en ello. Levantó los ojos de las teclas solo para mirarla, invitándole a que se sentara junto a él. Ella dejó que las notas fluyeran por todo su cuerpo, que fueran los pentagramas quienes con la ligereza de la clave de sol la desnudaran.
El resplandor de la luna que entraba por la ventana ayudaba a imaginar sus labios aún más. A escasos centímetros que se encontraba de él pudo sentir su suave aroma. Olía a beso de verano, a amor adolescente. Casi podía notar la suavidad de sus dedos dibujando sus formas. Y la melodía continuaba sin parar. Sol, re, la, y otra vez sol. El metrónomo marcaba el tempo de la composición musical. Estudió sus movimientos, examinó su perfección. Deseó por un momento ser una de esas teclas. Sintió celos de ellas. Se moría por él. Lo quería todo con él.
Levantó una de sus manos y cogiéndola suavemente de la nuca la acercó hacia su boca. Sus miradas se encontraron. El ambiente desprendía pasión y ganas, se emanaban nervios y decisión. Ambos respiraban al compás de la música, de forma acelerada. Las distancias se fueron acortando y los dedos de él acariciaron su pelo. La música dejó de tocar. Sólo el tic tac constante del metrónomo llenaba ahora la sala.
Ya no podía aguantar más, necesitaba besarla. Acercó sus labios y sintió la suavidad de los de ella. Entonces sus bocas se encontraron. Lo que ambos sintieron fue indescriptible. Rogaron la eternidad del momento. Mientras, las manos nerviosas de él acariciaban sus piernas. La deseaba. Fue desnudándola poco a poco, besando cada centímetro de su cuerpo. Dibujando su contorno con una rosa. Ella se apoyó contra las teclas del piano, compuso su propia melodía...
De repente...alguien le rozó en el hombro:
- Ya hemos llegado.
Otra vez había vuelto a soñar con él.
Hoy tengo ganas de imaginarme que apareces.
Cerró los ojos para evadirse de la realidad, para soñar una vez más. Se dio una tregua.
Le imaginó como siempre lo hacía, tocando el piano sin parar, como si se le fuera la vida en ello. Levantó los ojos de las teclas solo para mirarla, invitándole a que se sentara junto a él. Ella dejó que las notas fluyeran por todo su cuerpo, que fueran los pentagramas quienes con la ligereza de la clave de sol la desnudaran.
El resplandor de la luna que entraba por la ventana ayudaba a imaginar sus labios aún más. A escasos centímetros que se encontraba de él pudo sentir su suave aroma. Olía a beso de verano, a amor adolescente. Casi podía notar la suavidad de sus dedos dibujando sus formas. Y la melodía continuaba sin parar. Sol, re, la, y otra vez sol. El metrónomo marcaba el tempo de la composición musical. Estudió sus movimientos, examinó su perfección. Deseó por un momento ser una de esas teclas. Sintió celos de ellas. Se moría por él. Lo quería todo con él.
Levantó una de sus manos y cogiéndola suavemente de la nuca la acercó hacia su boca. Sus miradas se encontraron. El ambiente desprendía pasión y ganas, se emanaban nervios y decisión. Ambos respiraban al compás de la música, de forma acelerada. Las distancias se fueron acortando y los dedos de él acariciaron su pelo. La música dejó de tocar. Sólo el tic tac constante del metrónomo llenaba ahora la sala.
Ya no podía aguantar más, necesitaba besarla. Acercó sus labios y sintió la suavidad de los de ella. Entonces sus bocas se encontraron. Lo que ambos sintieron fue indescriptible. Rogaron la eternidad del momento. Mientras, las manos nerviosas de él acariciaban sus piernas. La deseaba. Fue desnudándola poco a poco, besando cada centímetro de su cuerpo. Dibujando su contorno con una rosa. Ella se apoyó contra las teclas del piano, compuso su propia melodía...
De repente...alguien le rozó en el hombro:
- Ya hemos llegado.
Otra vez había vuelto a soñar con él.
Hoy tengo ganas de imaginarme que apareces.

0 comentarios:
Publicar un comentario